Estrategia, de Lawrence Freedman

Estrategia, de Lawrence Freedman, es un ambicioso estudio de estrategia militar, política y corporativa, escrito con claridad, competencia y sagacidad.

Estrategia, de Lawrence Freedman, es claramente una apuesta por un texto de altura, una especie de resumen, casi una apología de su vida, una reflexión sobre una vocación. Es el libro de un gigante. Su gran diseño parece seguir la máxima de Clausewitz: que la mejor estrategia en la guerra es ser muy fuerte, primero en general y luego en el punto decisivo.

Estrategia, de Lawrence Freedman
Estrategia, de Lawrence Freedman

El asesor de política exterior de Blair y miembro de la investigación sobre la guerra de Irak ha escrito un ambicioso estudio de estrategia militar, política y corporativa.

Es menos una historia que una enciclopedia.

Se podría decir de Freedman que está estratégicamente ansioso. Contrariamente a las expectativas, se podría decir que la estrategia no se ocupa únicamente de la estrategia militar, que ya es un vasto dominio, sino que abarca casi todas las esferas de actividad estratégica conocidas por el hombre, o incluso de los animales, porque comienza como “2001: odisea del espacio”, con un ensayo sobre la evolución y el comportamiento estratégico de los chimpancés.

Después de una breve prehistoria, asimilando la Biblia, a los griegos, Sun Tzu, Maquiavelo y a Satanás (en “El paraíso perdido” de Milton) – de Satanás, es reconfortante aprender que tristemente carece de sentido estratégico – el cuerpo principal del trabajo está organizado en tres partes: “Estrategias de Fuerza” o estrategia militar, incluida la estrategia nuclear, el oficio de Freedman; “Estrategia desde Abajo” o estrategia política, con énfasis en los desamparados, es decir, los revolucionarios y los desposeídos; “Estrategia desde Arriba” o estrategia corporativa, una mezcla de cambio cultural y teoría social. Una breve sección final considera las posibilidades de la teoría estratégica a la luz de la ciencia social contemporánea; es más simple, tal cómo podríamos pensar ahora sobre la estrategia.

Esta es una empresa épica, de considerable ambición intelectual.

Muestra las conocidas virtudes freedmanianas: claridad, economía, competencia, sagacidad, una especie de simpatía profesional, casi una delicadeza de sentimientos para el sujeto, un compuesto de inmersión profunda, exposición practicada, y una cierta sabiduría práctica en él; una determinación de reconocer sus límites. En estrategia, todo está conectado. Freedman nos muestra cómo.

Tiene una comprensión profunda de los problemas fundamentales. La estrategia se define aquí como el arte de crear poder, un arte difícil de dominar. “Si bien es indudablemente algo bueno tener”, como lo hace notar Freedman con sensatez, “también es algo difícil de entender”. Se oye el eco de Clausewitz, que sigue siendo la autoridad preeminente, casi dos siglos después de su muerte. “Todo en la guerra es muy simple”, dijo Clausewitz, “pero lo más simple es muy difícil”. Freedman aconseja cautela: “el mundo de la estrategia está lleno de decepción y frustración, de medios que no funcionan y de fines que no se alcanzan”.

Lawrence Freedman
Lawrence Freedman, autor de “Estrategia”

Su contraseña es la modestia.

La estrategia es más un mecanismo de supervivencia que una afirmación de control total. Puede ser poco más que una forma digna de “salir del paso”. En todos los ambientes, militar, político o corporativo, Freedman enfatiza lo incremental, lo provisional, lo aberrante y lo contingente.

La estrategia, por lo tanto, comienza con un estado de cosas existente y solo adquiere significado al darse cuenta de cómo, para bien o para mal, podría ser diferente. Este punto de vista es bastante diferente de aquellos que suponen que la estrategia debe tratarse de alcanzar algún objetivo. Se puede estar más preocupado por hacer frente a una crisis extrema o por evitar un mayor deterioro en una situación que ya es estresante. Entonces, el primer requisito podría ser el de la supervivencia.

Esta es la razón por la cual una estrategia de materia práctica se entiende mejor modestamente, como pasar a la “siguiente etapa” en lugar de a una conclusión definitiva y permanente. La siguiente etapa es un lugar al que se puede llegar de forma realista desde la etapa actual. Ese lugar puede no ser necesariamente mejor, pero seguirá siendo una mejora de lo que se podría haber logrado con una estrategia menor o ninguna estrategia en absoluto.

Un libro sobre conocimientos

Es también un libro sobre conocimientos – conocimiento relevante – y sobre cómo ese conocimiento es empaquetado y presentado, adquirido y aplicado, usado y abusado. En otras palabras, se trata de las relaciones entre la teoría y la práctica, y de las teorías como una forma de práctica, como lo expresa el propio Freedman.

“La estrategia proporciona un camino en una amplia gama de discursos: formulaciones abstractas sobre lo que significa actuar de manera racional y reflexiones posmodernas sobre dominación y resistencia, propuestas sobre la causalidad y conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro humano, así como consejos prácticos sobre la mejor forma de derrotar enemigos en la batalla, socavar a los rivales en las elecciones y lanzar un nuevo producto al mercado.

Los estrategas han abordado la eficiencia de varias formas de coacción y de incentivos, la naturaleza humana bajo presión, la organización de grandes grupos de personas en movimiento, la negociación técnicas, visiones de una buena sociedad y estándares de conducta ética”.

Esto no es nada si no tenemos una vista amplia del campo de acción; y sirve para subrayar otra de las proposiciones cardinales de Freedman: que la estrategia no es simplemente una cuestión de violencia organizada o coacción, sino que está íntimamente ligada a la intuición, la deliberación y la persuasión. La racionalidad, por lo tanto, no es suficiente. La elección racional es una ilusión. El héroe de este libro puede ser Thomas Schelling, presentado como el más sutil de los pensadores estratégicos, inventor de “la racionalidad de la irracionalidad” y “la amenaza que deja algo al azar”.

Unas ideas intrigantes

La generosa concepción que Freedman tiene de su tema lo lleva a abordar una serie de ideas intrigantes, como por ejemplo la proposición de que “el liberalismo tal como se desarrolló a lo largo del siglo XX podría enorgullecerse de crear las condiciones óptimas para la elaboración de estrategias”, nosotros para especular sobre la teoría estratégica y la práctica bajo diferentes dispensaciones políticas o formaciones ideológicas. Estas son nociones sugerentes; pero no están lo suficientemente desarrolladas. Freedman está entusiasmado con las narrativas estratégicas, “guiones” e historias, un toque atípicamente moderno, pero su propia narrativa funciona como un tren expreso, sin tiempo para hacer excursiones. Las teorías y los teóricos pasan zumbando, como las estaciones de tren, cada uno asignado a unas pocas páginas. El propio Clausewitz se despacha en apenas 10 páginas.

Estos tratamientos condensados tienden a resolverse a sí mismos en resúmenes, acompañados de críticas. “Che Guevara puede haber sido un comandante audaz y valiente, pero carecía de sentido político y pagó un alto precio por su teoría simplificada. Nunca forjó alianzas políticas efectivas y no apreció la necesidad de que un líder local fuerte sea la cara pública de una revolución. Más bien, él creía en su propia mística, como si la presencia de un luchador tan famoso inspirara valor y confianza”.

El final del libro

Gran parte de la última parte del libro corre el riesgo de perder de vista la estrategia, ya que se convierte en una serie de lecturas del trabajo de otros, en lugar de algo que el autor ha hecho suyo. Las lecturas varían ampliamente, desde Marx a McKinsey, de Bakunin a Burnham, desde Foucault a Ford. Se inspira en una impresionante variedad de fuentes: American Journal of Sociology se codea con Playboy y www.marxists.org en las notas finales, aunque inevitablemente hay algo un poco insatisfactorio sobre ellos. La amplitud del trabajo tiende a exceder su profundidad.

Hay otra laguna curiosa. Freedman es consciente de la tendencia en algunos círculos de convertir la estrategia en una serie de cuestiones técnicas y prácticas, como él mismo señala; cita dos veces a Hew Strachan en el nivel operativo de la guerra como “una zona libre de política”. Sin embargo, este es en algunos aspectos una zona libre de política, especialmente a medida que se acerca al presente. No se menciona a Tony Blair, a quien Freedman aconsejó sobre política exterior, y apenas muy poco de George W. Bush.

Las referencias a la guerra de Irak son pocas y distantes (y cautelosamente benignas). Si la estrategia es “hacer sentido”, este libro no tiene sentido de Irak, ni de Afganistán, ni de la guerra contra el terror mal concebida. La jugada final sobre historias estratégicas es atractiva pero escurridiza, debido a una señal de falta de ejemplos sostenidos. ¿Qué historias se contarán de la guerra en Iraq? ¿Qué historia contará la investigación de armas de destrucción masiva en Irak?

Aquí puedes echar un vistazo al libro

Aquí puedes adquirir el libro

También te puede interesar:

33 estrategias de la guerra, de Robert Greene

Descarga un resumen de Las 48 leyes del poder, de Robert Greene

33 estrategias de la guerra, de Robert Greene. Estrategias para tu vida

33 estrategias de la guerra es una obra altamente recomendable. Se basa en una analogía entre la estrategia militar y la estrategia aplicada a diversos ámbitos.

Con una marcada influencia de El Arte de la Guerra de Sun Tzu y de las biografías de personajes tales como Napoleón Bonaparte o George Patton, en sus 33 estrategias de la guerra , Greene plantea 33 polémicos puntos para comenzar a pensar estratégicamente y no tácticamente. El campo de batalla es la propia carrera profesional.

Las 33 estrategias de la guerra
33 estrategias de la guerra
Primero, en las 33 estrategias de la guerra se establecen reglas fundamentales del pensamiento estratégico a tener en cuenta, de uso permanente:
  • Ver la vida desde un punto de vista realista
  • No juzgar a los demás de acuerdo con lo que dicen, sino con lo que hacen.
  • Depender sólo de uno mismo.
  • No reaccionar con enojo sino con sabiduría.
  • No tratar de imponer su punto de vista a la fuerza.
  • Mantener el ánimo.

A continuación puedes leer el prefacio de ” Las 33 estrategias de la guerra”.

Vivimos en una sociedad que promueve los valores democráticos de ser justos con uno y con todos, la importancia de encajar en un grupo y saber cómo cooperar con los demás. Se nos enseña pronto en la vida que quienes son exteriormente combativos y agresivos pagan un precio social: impopularidad y aislamiento. Estos valores de armonía y cooperación son perpetuados en formas sutiles y no tanto: a través de libros sobre cómo triunfar en la vida; a través del agradable, pacífico exterior que quienes encabezan al mundo presentan a la sociedad; a través de las nociones de corrección que saturan el espacio público. El problema para nosotros es que se nos educa y prepara para la paz, y no se nos prepara en absoluto para lo que enfrentamos en el mundo real: la guerra.

Ciertamente tiempo de milicia tiene el hombre sobre la tierra. JOB 7, 1

Qui desiderat pacem, praeparet bellum. (Quien quiera paz, que se prepare para la guerra.)
VEGECIO, SIGLO IV D.C.

En las 33 estrategias de la guerra se explica que esta guerra existe en varios niveles. El más obvio es el de nuestros rivales en la parte contraria. El mundo se ha vuelto crecientemente competitivo y malévolo. En la política, los negocios e incluso las artes encaramos adversarios que harán casi cualquier cosa para tener ventaja. Más inquietantes y complejas, sin embargo, son las batallas que sostenemos con quienes supuestamente están de nuestro lado. Hay quienes externamente juegan en equipo y actúan en forma amigable y complaciente, pero nos sabotean tras bastidores y usan al grupo para promover su propia agenda. Otros, más difíciles de detectar, practican sutiles juegos de agresión pasiva, ofreciendo ayuda que nunca llega, infundiendo culpa como un arma secreta. En la superficie todo parece bastante pacífico, pero justo bajo ella cada quien ve únicamente por sí mismo, dinámica que infecta incluso a familias y relaciones. La sociedad puede negar esta realidad y promover un cuadro más apacible, pero nosotros la conocemos y sentimos, en nuestras heridas de guerra.

Y no es que nosotros y nuestros colegas seamos criaturas innobles incapaces de cumplir los ideales de la paz y el desprendimiento, sino que no podemos evitar ser como somos. Poseemos impulsos agresivos imposibles de ignorar o reprimir. En el pasado, los individuos podían esperar que un grupo —el Estado, la familia extensa, una compañía— se hiciera cargo de ellos, pero éste ya no es el caso, y en este mundo desvalido tenemos que pensar primero y principalmente en nosotros y nuestros intereses. Lo que necesitamos no son imposibles e inhumanos ideales de paz y cooperación a los cuales adherirnos, ni la confusión que esto nos provoca, sino conocimientos prácticos sobre cómo abordar el conflicto y las batallas diarias que enfrentamos. Y estos conocimientos no aluden a cómo ser más enérgicos para obtener lo que queremos o para defendernos, sino a cómo ser más racionales y estratégicos en lo tocante al conflicto, canalizando nuestros impulsos agresivos en vez de negarlos o reprimirlos. Si hay un ideal que perseguir en las 33 estrategias de la guerra, debería ser el del guerrero estratégico, el hombre o la mujer que maneja situaciones y personas difíciles con maniobras hábiles e inteligentes.

[La estrategia] es más que una ciencia: es la aplicación del conocimiento a la vida práctica, el desarrollo de pensamientos capaces de modificar la idea rectora original a la luz de situaciones siempre variables; es el arte de actuar bajo la presión de las más difíciles condiciones.
HELMUTH VON MOLTKE, 1800-1891

Muchos psicólogos y sociólogos han sostenido que es por medio del conflicto que los problemas a menudo se resuelven y las diferencias reales se concilian. Nuestros éxitos y fracasos en la vida pueden atribuirse a lo bien o mal que manejamos los inevitables conflictos que enfrentamos en la sociedad. Las formas comunes en que la gente los maneja —tratar de evitar todo conflicto, reaccionar emocional y violentamente, volverse furtiva y manipuladora— son todas ellas contraproducentes a largo plazo, porque no están bajo un control consciente y racional y suelen empeorar la situación. Como se explica en las 33 estrategias de la guerra, los guerreros estratégicos operan de modo muy distinto. Piensan anticipadamente sus metas de largo plazo, deciden qué batallas eludir y cuáles son inevitables, saben cómo controlar y canalizar sus emociones. Cuando se ven obligados a pelear, lo hacen en forma indirecta y con maniobras sutiles, de modo que sus manipulaciones son difíciles de rastrear. Es así como pueden mantener el pacífico exterior tan apreciado en estos tiempos políticos.

Este ideal de combatir racionalmente nos viene de la guerra organizada, ámbito en el que el arte de la estrategia se inventó y refinó. En un principio, la guerra no fue en absoluto estratégica. Las batallas entre tribus se libraban en forma brutal, una especie de ritual de violencia en el que los individuos podían ostentar su heroísmo. Pero cuando las tribus se expandieron y evolucionaron en Estados, se hizo más que evidente que la guerra tenía demasiados costos ocultos, que trabarla ciegamente solía conducir al agotamiento y la autodestrucción, aun para el vencedor. De alguna manera las guerras tenían que librarse de un modo más racional.

La palabra “estrategia” procede de la antigua palabra griega strategos, que significa literalmente “el jefe del ejército”. La estrategia era en este sentido el arte del generalato, de la dirección del esfuerzo bélico entero, decidiendo qué formaciones desplegar, en qué terreno combatir, qué maniobras usar para lograr ventaja. Y cuando estos conocimientos progresaron, los jefes militares descubrieron que cuanto más pensaban y planeaban con anticipación, más posibilidades de éxito tenían. Nuevas estrategias podían permitirles derrotar a ejércitos mucho más grandes, como hizo Alejandro Magno en sus victorias sobre los persas. Al enfrentar a adversarios astutos que también recurrían a la estrategia, se desarrolló una presión ascendente: para obtener ventaja, un general tenía que ser aún más estratégico, más indirecto y hábil, que la otra parte. Al paso del tiempo, las artes del generalato se volvieron cada vez más sofisticadas, conforme se inventaban más estrategias.

Aunque la palabra “estrategia” es de origen griego, el concepto aparece en todas las culturas, en todos los periodos. Sólidos principios sobre cómo manejar los inevitables accidentes de la guerra, cómo elaborar el plan maestro, cómo organizar mejor al ejército: todo esto puede encontrarse en manuales de guerra desde la antigua China hasta la Europa moderna. El contrataque, la maniobra de flanqueo o envolvimiento y las artes del engaño son comunes a los ejércitos de Genghis Khan, Napoleón y el rey zulú Shaka. En conjunto, estos principios y estrategias indican una suerte de sabiduría militar universal, una serie de patrones adaptables que pueden incrementar las posibilidades de victoria.

En consecuencia, hijo mío, elabora tu estrategia a fin que las recompensas en las justas no esquiven tu puño. La estrategia produce un mejor leñador que la fuerza. Mantiene en curso el navío del piloto cuando el viento sopla sobre la mar azul. Y vence carreras por los aurigas. Un cochero imprudente confía en sus caballos y su carro, y gira en una u otra dirección, sobre la marcha, sin tirar de la rienda a sus corceles. Pero el que sabe triunfar con caballos de menor valía, fija el ojo en el mástil y da más ceñidas vueltas, y mantiene desde el principio, con firme mano, tensas las riendas, mientras observa al puntero.
LA ILÍADA, HOMERO, CIRCA SIGLO IX A.C.

Quizá el mayor estratega de todos sea Sun Tzu, autor del antiguo clásico chino El arte de la guerra. En su libro, escrito probablemente en el siglo IV a.C., pueden hallarse huellas de casi todos los patrones y principios estratégicos desarrollados más tarde en el curso de los siglos. Pero lo que los une, lo que constituye de hecho el arte de la guerra a ojos de Sun-tzu es el ideal de vencer sin derramar sangre. Explotando las debilidades psicológicas del adversario, manipulándolo para que adopte posiciones precarias, induciendo sentimientos de frustración y confusión, un estratega puede lograr que la otra parte se desplome mentalmente antes de rendirse físicamente. De este modo, la victoria puede obtenerse a mucho menor costo. Y el Estado que gana guerras con escasa pérdida de vidas y desperdicio de recursos es el Estado que puede prosperar durante periodos más largos. Ciertamente, la mayoría de las guerras no se dan en forma tan racional, pero las campañas de la historia que han seguido este principio (Escipión el Africano en España, Napoleón en Ulm, T. E. Lawrence en las campañas del desierto de la Primera Guerra Mundial) destacan sobre las demás y representan el ideal a seguir.

La guerra no es un reino aparte divorciado del resto de la sociedad. Es un campo eminentemente humano, colmado de lo mejor y lo peor de nuestra naturaleza. La guerra también refleja tendencias sociales. La evolución hacia estrategias menos convencionales, más sucias —guerra de guerrillas, terrorismo—, responde a una evolución similar en la sociedad, donde casi todo se vale. Las estrategias exitosas en la guerra, ya sea convencional o no convencional, se basan en una psicología imperecedera, y los grandes fracasos militares tienen mucho que enseñarnos sobre la estupidez humana y los límites de la fuerza en cualquier campo. El ideal estratégico en la guerra —ser sumamente racional y guardar el equilibrio emocional, pugnar por vencer con un mínimo de derramamiento de sangre y pérdida de recursos— tiene una aplicación y relevancia infinitas en nuestras batallas diarias.

Imbuidos de los valores de nuestra época, muchos argumentarán que la guerra organizada es inherentemente bárbara, una reliquia del violento pasado del hombre y algo por superar para siempre. Promover las artes de la guerra en el ámbito social, dirán, es interponerse en el camino del progreso y alentar el conflicto y la disensión. ¿No hay ya suficiente de ello en el mundo? Este argumento es muy seductor, pero no del todo razonable. En la sociedad y el mundo en general siempre habrá individuos más agresivos que nosotros empeñados en lograr lo que quieren a todo trance. Debemos estar alertas y saber defendernos de esas personas. Los valores civilizados no se fomentan si nos vemos obligados a rendirnos a los astutos y los fuertes. De hecho, ser pacifistas de cara a esos lobos es fuente de inagotables tragedias.

El yo es amigo del hombre que se domina por su intermedio; pero para un hombre sin dominio de sí, el yo es como un enemigo de guerra.
BHAGAVAD GITA, INDIA, CIRCA SIGLO I D.C

Mahatma Gandhi, quien elevó la no violencia a gran arma para el cambio social, tuvo una meta muy sencilla en las últimas etapas de su vida: librar a la India de los amos británicos que la habían sometido durante siglos. Los británicos eran hábiles gobernantes. Gandhi comprendió que para que la no violencia surtiera efecto, tenía que ser extremadamente estratégica, lo que exigía mucha reflexión y planeación. Llegó incluso a calificar la no violencia como una nueva forma de guerrear. Para promover cualquier valor, aun la paz y el pacifismo, se debe estar dispuesto a pelear y perseguir resultados, no sólo la grata y cálida sensación que la expresión de esas ideas puede brindar. Y desde el momento mismo en que se persiguen resultados, se está en el reino de la estrategia. Guerra y estrategia poseen una lógica inexorable: si quieres o deseas algo, tienes que estar dispuesto y en condiciones de luchar por ello.

Otros aducirán que la guerra y la estrategia son principalmente cuestiones que conciernen a los hombres, en particular a los agresivos o pertenecientes a la élite del poder. El estudio de la guerra y la estrategia, dirán, es una actividad masculina, elitista y represiva, un medio de perpetuación del poder. Este argumento es un disparate peligroso. Al principio, la estrategia fue efectivamente exclusiva de unos cuantos selectos: un general, su estado mayor, el rey, un puñado de cortesanos. A los soldados no se les enseñaba estrategia, porque no les habría ayudado en el campo de batalla. Además, era imprudente armarlos del tipo de conocimientos prácticos que podían servirles para organizar un motín o una rebelión. La era del colonialismo llevó aún más lejos este principio: los pueblos indígenas de las colonias europeas fueron enrolados en los ejércitos occidentales y realizaban gran parte de la labor de vigilancia, pero aun a quienes ascendían a los grados superiores se les privaba rigurosamente de conocimientos de estrategia, considerada demasiado peligrosa para que la aprendieran. Mantener la estrategia y las artes de la guerra como rama del conocimiento especializado es en realidad hacer el juego a las élites y fuerzas represivas, que gustan de dividir y vencer. Si la estrategia es el arte de obtener resultados, o de poner en práctica ideas, se le debería difundir ampliamente, en particular entre las personas a las que tradicionalmente se ha privado de ella, incluidas las mujeres. En la mitología de casi todas las culturas, los grandes dioses de la guerra son mujeres, como Atenea en la antigua Grecia. La falta de interés de una mujer en la estrategia y la guerra no es biológica sino social, y quizá también política.

En vez de repudiar la propagación de la estrategia y de las virtudes de la guerra racional, o de imaginarlas indignas de nosotros, es preferible aceptar su necesidad. Dominar este arte de las 33 estrategias de la guerra hará más pacífica y productiva tu vida a largo plazo, porque sabrás practicar el juego y ganar sin violencia. Ignorarlo te conduciría a una vida de interminable confusión y derrota.

Aunque es una diosa de la guerra, [a Atenea] no le agrada la batalla, […] sino más bien el arreglo de las disputas y la defensa de la ley por medios pacíficos. No lleva armas en tiempo de paz, y si alguna vez las necesita, se las pide habitualmente a Zeus. Su misericordia es grande. […] Sin embargo, una vez que interviene en la batalla nunca es derrotada, ni siquiera cuando lucha contra Ares mismo, pues domina mejor que él la táctica y la estrategia, y los capitanes prudentes acuden siempre a ella en busca de consejo.
LOS MITOS GRIEGOS, VOL. 1, ROBERT GRAVES, 1955.

Las 33 estrategias de la guerra. Robert Greene
Las 33 estrategias de la guerra. Robert Greene

Los siguientes párrafos que siguen son seis ideales fundamentales de las 33 estrategias de la guerra que deberías perseguir para transformarte en guerrero estratégico en la vida diaria.

Idea 1 de las 36 estrategias de la guerra: Ve las cosas como son, no como tus emociones las colorean.

En la estrategia debes ver tus reacciones emocionales a los hechos como una especie de enfermedad por curar. El temor te hará sobreestimar al enemigo y actuar demasiado a la defensiva. El enojo y la impaciencia te empujarán a acciones precipitadas que reducirán tus opciones. El exceso de confianza, particularmente como resultado del éxito, te obligará a ir demasiado lejos. El amor y el afecto te cegarán ante las insidiosas maniobras de quienes aparentemente están de tu lado. Aun las más sutiles gradaciones de estas emociones podrían colorear tu manera de ver los hechos. El único remedio es estar consciente de que el brote de la emoción es inevitable, notarlo cuando aparezca y compensarlo. Cuando tengas éxito, sé extremadamente precavido. Cuando te enojes, no emprendas ninguna acción. Cuando tengas miedo, recuerda que exagerarás los peligros que enfrentes. La guerra demanda el máximo de realismo, ver las cosas tal como son. Cuanto más puedas limitar o compensar tus reacciones emocionales, más te acercarás a este ideal.

Idea 2 de las 36 estrategias de la guerra: Juzga a la gente por sus actos.

El brillo de la guerra es que ninguna medida de elocuencia o palabrería puede disculpar un fracaso en el campo de batalla. Un general lleva a sus tropas a la derrota, se han perdido vidas, y así es como la historia lo juzgará. Pugna por aplicar esta implacable norma en tu vida diaria, juzgando a la gente por los resultados de sus actos, las acciones que pueden verse y medirse, las maniobras que usó para adquirir poder. Lo que la gente diga de sí misma no importa; dirá lo que sea. Ve lo que ha hecho; los actos no mienten. También puedes aplicar esta lógica a ti mismo. Al analizar una derrota, identifica las cosas que habrías podido hacer de otra manera. La culpa de tus fracasos la tienen tus malas estrategias, no las trampas del contrincante. Eres responsable de lo bueno y malo en tu vida. Como corolario de esto, ve todo lo que hacen los demás como una maniobra estratégica, un intento por conseguir la victoria. Quienes te acusan de desleal, por ejemplo; quienes intentan hacerte sentir culpable y hablan de justicia y moral, tratan de obtener una ventaja en el tablero.

Idea 3 de las 36 estrategias de la guerra: Depende de tus propias armas.

En la búsqueda del éxito en la vida, la gente tiende a depender de cosas que parecen simples y fáciles o que han funcionado antes. Esto podría significar acumular riqueza, recursos, un gran número de aliados o la más reciente tecnología y la ventaja que conlleva. Pero esto es ser materialista y mecánico. La verdadera estrategia es psicológica; cuestión de inteligencia, no de fuerza material. Puedes tomar de ti todo en la vida, y por lo general estará en algún lado. Tu riqueza se evaporará, los más recientes artefactos se volverán passés en forma súbita, tus aliados te abandonarán. Pero si tu mente está armada con el arte de la guerra, no habrá poder que te lo pueda quitar. En medio de una crisis, tu mente hallará su camino a la solución correcta. Tener a la mano estrategias superiores dará a tus maniobras una fuerza irresistible. Como dice Sun-tzu, “nuestra invencibilidad depende de nosotros”.

Idea 4 de las 36 estrategias de la guerra: Venera a Atenea, no a Ares.

En la mitología de la antigua Grecia, el inmortal más inteligente de todos era la diosa Metis. Para impedir que se burlara de él y lo destruyera, Zeus se casó con ella y luego se la tragó entera, con intención de apropiarse de su sabiduría en el proceso. Pero Metis estaba embarazada de la hija de Zeus, la diosa Atenea, quien nació así de la cabeza de éste. Como correspondía a su linaje, fue bendecida con la astucia de Metis y la mentalidad bélica de Zeus. Los griegos la consideraban la diosa de la guerra estratégica, siendo el ingenioso Odiseo su mortal y acólito favorito. Ares era el rey de la guerra en su forma directa y brutal. Los griegos lo despreciaban y adoraban a Atenea, quien siempre combatía con la mayor inteligencia y sutileza. Tus intereses en la guerra no son la violencia, la brutalidad y la pérdida de vidas y recursos, sino la racionalidad y el pragmatismo que ella misma nos impone, así como el ideal de vencer sin derramar sangre. Las figuras del mundo semejantes a Ares son en realidad muy estúpidas y se descarrían fácilmente. Usando la sabiduría de Atenea, tu meta es volver la violencia y agresión de esos sujetos contra ellos mismos, convirtiendo su brutalidad en la causa de su ruina. Como Atenea, anda siempre un paso adelante, para que tus lances sean más indirectos. Tu meta es combinar filosofía y guerra, sabiduría y batalla, en una mezcla invencible.

Contestóle Atenea, la diosa de ojos de lechuza: “¡Diomedes Tidida […]! No temas a Ares ni a ninguno de los inmortales; tanto te voy a ayudar. Ea, endereza los solípedos caballos a Ares el primero, hiérele de cerca y no respetes al furibundo dios, a ese loco voluble. […]”.A su vez, Diomedes, valiente en el combate, atacó a Ares con la broncínea lanza, y Palas Atenea, apuntándola a la ijada del dios, donde el cinturón le ceñía, le hirió. […]
[Ares] llegó en seguida al alto Olimpo […]: se sentó, con el corazón afligido, al lado de Zeus Cronión, mostró la sangre inmortal que manaba de la herida, y suspirando dijo estas aladas palabras: “¡Padre Zeus! ¿No te indignas al presenciar tan atroces hechos? Siempre los dioses hemos padecido males horribles que recíprocamente nos causamos para complacer a los hombres. […]”.
Mirándole con torva faz, respondió Zeus, que amontona las nubes: “¡Inconstante! No te lamentes, sentado junto a mí, pues me eres más odioso que ningún otro de los dioses del Olimpo. Siempre te han gustado las riñas, luchas y peleas, y tienes el espíritu soberbio, que nunca cede, de tu madre Hera, a quien apenas puedo dominar con mis palabras. […] Pero no permitiré que los dolores te atormenten. […]”. Y mandó a Peón que lo curara.[…]
Hera argiva y Atenea alalcomenia regresaron también al palacio del gran Zeus, cuando Telograron hacer cesar en la matanza a Ares, funesto a los mortales.
LA ILÍADA, HOMERO, CIRCA SIGLO IX A.C.

Idea 5 de las 36 estrategias de la guerra: Elévate sobre el campo de batalla.

En la guerra, la estrategia es el arte de dirigir toda las operaciones militares. La táctica es, por su parte, la habilidad de formar al ejército para que combata solo y resuelva las necesidades inmediatas del campo de batalla. En la vida, la mayoría de nosotros somos tácticos, no estrategas. Nos enredamos tanto en nuestros conflictos que sólo podemos pensar en cómo lograr lo que queremos en la batalla que sostenemos en el momento presente. Pensar estratégicamente es difícil y poco natural. Tú podrás creer que eres estratégico, pero es muy probable que seas meramente táctico. Para tener el poder que sólo la estrategia te puede brindar, debes ser capaz de elevarte sobre el campo de batalla, concentrarte en tus objetivos de largo plazo, planear una campaña íntegra y abandonar el modo reactivo en el que tantas batallas en la vida te encierran. Teniendo en mente tus metas generales, te será mucho más fácil decidir cuándo pelear y cuándo retirarte. Eso volverá mucho más sencillas y racionales las decisiones tácticas de la vida diaria. Las personas tácticas son torpes y están fijas en el suelo; los estrategas son ligeros y pueden ver muy lejos.

Idea 6 de las 36 estrategias de la guerra: Espiritualiza tu guerra.

Cada día enfrentas batallas: ésta es la realidad de todas las criaturas en su lucha por sobrevivir. Pero tu mayor batalla es contigo mismo: tus debilidades, tus emociones, tu falta de resolución para llevar las cosas hasta su término. Debes declarar una guerra incesante contra ti. Como guerrero en la vida, acepta el combate y el conflicto como medios para ponerte a prueba, mejorar tus habilidades y aumentar tu valor, experiencia y seguridad en ti mismo. En lugar de reprimir tus dudas y temores, debes eliminarlos, trabar batalla con ellos. Tú quieres más desafíos, y por lo tanto incitas más guerra. Estás forjando el espíritu del guerrero, y sólo la práctica constante te llevará ahí.

Contra la guerra puede decirse: que hace estúpido al vencedor, malicioso al vencido. En favor de la guerra: que al producir esos dos efectos, barbariza, y por lo tanto vuelve más natural; es el invierno o periodo de hibernación de la cultura, del que la humanidad emerge más fuerte para el bien y para el mal.
FRIEDRICH NIETZSCHE, 1844-1900.

Sin la guerra, los seres humanos se estancan en la comodidad y la abundancia y pierden la capacidad de grandes pensamientos y sentimientos, se vuelven cínicos y se hunden en la barbarie.
FYODOR DOSTOYEVSKY, 1821-1881.

Las 33 estrategias de la guerra son una destilación de la perdurable sabiduría contenida en las lecciones y principios de la operación militar. Este libro está destinado a armarte de conocimientos prácticos que te brinden infinitas opciones y ventajas frente a los elusivos guerreros que te atacan en tus batallas diarias.

Cada capítulo de las 33 estrategias de la guerra es una estrategia dirigida a resolver un problema particular con el que te topas a menudo. Tales problemas incluyen luchar con un ejército desmotivado tras de ti; desperdiciar energía peleando en demasiados frentes a la vez; sentirte abrumado por la fricción, la discrepancia entre planes y realidad; meterte en situaciones de las que después no puedes salir. Podrías leer los capítulos que se aplican a un problema particular en un momento dado. Mejor todavía, podrías leer todas las estrategias, asimilarlas y permitir que se conviertan en parte de tu arsenal mental. Aunque tu intención sea evitar una guerra, no sostenerla, muchas de estas estrategias son valiosas para efectos defensivos y para que comprendas qué podría tramar la parte contraria. En cualquier caso, no pretenden ser doctrinas ni fórmulas por repetir, sino apoyos para tu juicio al calor de la batalla, semillas que echen raíces en ti y te ayuden a pensar por ti mismo desarrollando al estratega latente que llevas dentro.

Las 36 estrategias de la guerra proceden de los textos y prácticas de los más grandes generales de la historia (Alejandro Magno, Aníbal, Genghis Khan, Napoleón Bonaparte, el zulú Shaka, William Techumseh Sherman, Erwin Rommel, Vo Nguyen Giap), así como de los mayores estrategas (Sun-tzu, Miyamoto Musashi, Carl von Clausewitz, Ardant du Picq, T. E. Lawrence, el coronel John Boyd). Van de las estrategias básicas de la guerra clásica a las estrategias sucias, no convencionales, de los tiempos modernos. El libro se divide en cinco partes: guerra autodirigida (cómo preparar tu mente y espíritu para la batalla); guerra organizacional (cómo estructurar y motivar a tu ejército); guerra defensiva; guerra ofensiva, y guerra no convencional (sucia). Cada capítulo se ilustra con ejemplos históricos, no sólo de la guerra, sino también de la política (Margaret Thatcher), la cultura (Alfred Hitchcock), los deportes (Muhammad Ali) y los negocios (John D. Rockefeller), lo que confirma la íntima conexión entre lo militar y lo social. Estas estrategias pueden aplicarse a contiendas de cualquier escala: guerra organizada, batallas de negocios, política de un grupo e incluso relaciones personales.

La naturaleza decidió que lo que no puede defenderse solo no sea defendido.
RALPH WALDO EMERSON, 1803-1882.

Finalmente y como compendio de las 33 estrategias de la guerra, señalar que la estrategia es un arte que requiere no sólo una diferente manera de pensar, sino también un enfoque completamente distinto de la vida misma. Con demasiada frecuencia existe un abismo entre nuestras ideas y conocimientos, por un lado, y nuestra experiencia real por el otro. Absorbemos trivialidades e información que ocupan espacio mental pero no nos llevan a ninguna parte. Leemos libros que nos divierten, pero que tienen poca relevancia para nuestra vida diaria. Tenemos elevadas ideas que no ponemos en práctica. También tenemos muchas y muy ricas experiencias que no analizamos lo suficiente, que no nos inspiran ideas, cuyas lecciones ignoramos. La estrategia requiere un constante contacto entre esos dos reinos. Es conocimiento práctico en su mejor expresión. Los hechos de la vida no significan nada si no reflexionas en ellos a profundidad, y las ideas de los libros son chatas si no tienen ninguna aplicación a la vida tal como tú la vives. En la estrategia, toda la vida es un juego en el que tú participas. Este juego es emocionante, pero también requiere profunda y seria atención. Es mucho lo que está en disputa. Lo que sabes debe traducirse en acción, y la acción en conocimiento. En consecuencia, en las 36 estrategias de la guerra la idea central es que la estrategia es un desafío para toda la vida, y fuente de constante placer en la superación de dificultades y la resolución de problemas.

En este mundo en el que se juega con dados cargados, un hombre debe poseer temple de hierro, armadura a prueba de los golpes del destino y armas para abrirse camino contra los demás. La vida es una larga batalla; tenemos que luchar a cada paso; y Voltaire dice muy atinadamente que, si triunfamos, será a punta de espada, y que morimos con las armas en la mano.
—Arthur Schopenhauer, Counsels and Maxims, 1851.

Puede adquirir las “33 estrategias de la guerra” en este enlace

Te puede interesar, del mismo autor de “Las 33 estrategias de la guerra”: El Arte de la Seducción

Cortesano, manual para medrar en la Corte

Simula, disimula, no ofendas a nadie y de todos desconfía: antiguo consejo para un joven Rey Sol que te servirá para desenvolverte y medrar como cortesano en la Corte en la que todos sobrevivimos.

Desde siempre y en todas las culturas existió siempre un personaje poderoso. Irremediablemente, a su alrededor siempre crecieron las Cortes y el personaje del cortesano .

Cortesano, manual para medrar en la Corte
Cortesano, manual para medrar en la Corte

Nos rodean en el trabajo, en la política, en la religión, en la economía y hasta en la familia. Donde hay un grupo de personas, existirá una lucha por el poder, alguien lo conseguirá y a su sombra crecerá todo tipo de cortesano que conspirarán para quitárselo o para agarrarse a una porción de poder dentro de su Corte. Hoy en día, está mal visto el uso descarado de la fuerza. Es mucho mejor el uso del encanto, la ilusión, el engaño, la seducción y la fina estrategia.

Si sientes dentro de ti que todo esto que te cuento es sólo de aplicación para aristócratas que disfrutan de un etéreo y dorado mundo inasequible para el resto de los mortales, tal vez aún no te hayan contado cómo funciona todo esto. Te guste o no, ya estás metido de lleno en la Corte, ya eres un cortesano y es mejor que domines sus reglas. Despierta, otros ya te llevan ventaja. Es hora de medrar.

Eres astuto, brillante y de mente sutil, pues de lo contrario no estarías leyendo estas líneas. Te felicito, tal vez llegues lejos, seguramente mas lejos que el que esto te relata, aunque no tendría mucho mérito el alcanzarme y menos aún el rebasarme.

Permíteme que te tutee, pues aunque este trato de tú a tú es lo último que practicaría un verdadero cortesano, espero que hablándole a tu inteligencia como si fuera tu confidente consiga hacerte más fácil el captar y madurar estos conocimientos. Lo que aquí vas a ver te podrá ser de gran utilidad para sobrevivir y hasta medrar en este mundo cortesano que tan poco ha cambiado en el fondo y en las formas a pesar del paso del tiempo. Como tu vida se desenvuelve en el aquí y en el ahora, te conviene estudiar el pasado, aplicarte al presente y hacer planes para el futuro, que al parecer es donde dicen que pasarás el resto de tu vida.

En el eterno devenir de la vida y muerte de todas las civilizaciones, muchos acontecimientos han sido permanentes. La agresividad individual y colectiva entre las personas y entre grupos de personas nunca ha menguado, más bien ruge con mayor fuerza. Cuando son muchas las gentes que aspiran a lo mismo y el premio se percibe escaso, el conflicto se torna inevitable. Como citan las Sagradas Escrituras, al ser muchos los llamados y pocos los escogidos, es normal que para ser elegido entres en dura pugna con tus rivales y con los que pudieran ser tus amigos. Y al fin y a la postre, todos se convierten en tus fieros adversarios. Medita que todos estos trabajos y empresas los emprenderás para ser tú el escogido y negar el premio a otros que lo mismo afanan y pretenden. Advierte que lo mismo intentarán hacer contigo tus oponentes.

Estas rivalidades se tornan en ruidosa y dura violencia, tanto social como entre culturas. Pese al loable empeño de profetas, religiosos, filósofos, sabios y demás personajes presuntamente bienintencionados, parece ser que todo este comportamiento es demasiado humano para ser erradicado. De hecho, está vivo y como una bestia se mueve dentro de ti, sólo tienes que tener el valor de mirar en tu lado oscuro.

En resumen, somos violentos y agresivos, el conflicto entre intereses es otra cualidad más de la sociedad y hay bastantes indicios de que este comportamiento no va a mudar a mejor en un futuro inmediato. En todo caso, evolucionará a una mayor intensidad. La violencia y la guerra entre personas permanecen vivas y metamorfoseadas en otras formas igual de peligrosas. Para aportar algo de luz entre tantas tinieblas y evitar la barbarie y el caos, las sociedades han creado unas reglas de conducta: leyes, costumbres, tabúes, normas, religiones, creencias y demás necedades. No te las tomes demasiado en serio. Todo este entramado de estructuras, en el fondo, no difiere en nada al que establecieron las primeras civilizaciones hace mas de cinco mil años. Siguen siendo las mismas reglas, y éstas alcanzaron su máxima expresión en las Cortes de cualquier civilización, ya sea en Asiria, Babilonia, Egipto, Persia, China, Roma, Japón, o los Imperios Azteca, Otomano, Inca, o de cualquier país moderno de la resabiada Europa. De hecho, tanto los llamados países democráticos como cualquier país comunista y aún hasta fundamentalista islámico tienen su Corte y sus cortesanos. Y muy probablemente, estos cortesanos sean intercambiables en el tiempo y en el espacio porque las reglas del juego son las mismas en todo momento, lugar y circunstancia.

Sientes dentro de ti que todo esto que te cuento es sólo de aplicación para aristócratas y para cualquier noble cortesano que disfrutan de un etéreo y dorado mundo inasequible para el resto de las personas. ¡Qué ciego estás si aún no te has percatado de cómo funciona tu sociedad! Estas reglas rigen para todo el mundo, desde el mismo Rey hasta el más descolorido mendigo, pues donde hay un grupo de personas, invariablemente resonará el fragor de la lucha por el poder, alguien lo conseguirá y a su sombra crecerán los cortesanos que conspirarán para quitárselo o para agarrarse a una porción de ese poder dentro de su Corte. Incluso se dice que algunos animales sociales como lobos, elefantes y simios tienen algo parecido a una Corte. Los seres humanos somos mucho más animales de lo que te imaginas.

Tengo confianza en tu capacidad y cualidades como futuro cortesano, pero espabila, otros competidores ya te llevan ventaja. Tal vez demasiada. Es hora de que cambies todo esto.

Bienvenido a la Corte sin fin.

Precio: 8 US$

Leer un extracto

Comprar el libro PDF

Maquiavelo y su sabiduría secreta

Ahora puedes conocer todos los conocimientos que Maquiavelo ocultaba en su obras

Cuando oímos hablar de Maquiavelo, todos lo relacionamos con la expresión “maquiavélico” y la asociamos, en el mejor de los casos, a algo malvado, retorcido y astuto. Pocos pensadores han sido tan leídos, odiados y malinterpretados, el filósofo y diplomático florentino. Sin embargo, todos los poderosos han estudiado la obra de Maquiavelo con diligencia y la han aplicado con gran maestría siempre que han tenido ocasión.

Maquiavelo y su sabiduría secreta
Maquiavelo y su sabiduría secreta

¿Por qué entonces Maquiavelo sigue siendo tan denostado? ¿Quizás porque los poderosos, como los grandes ilusionistas, nos hacían un excelente truco de magia pero no nos contaban cómo se realizaba? ¿Tal vez porque Maquiavelo desveló todos los trucos? Podría ser la razón de este desprestigio.

Además de todo lo que se ha escrito de este hombre excepcional, Maquiavelo era un gran psicólogo del Poder y de los poderosos con los que trató en su época de embajador de la República de Florencia. También llegó a sentir por si mismo cómo el pueblo percibía a las élites, ya que tuvo oportunidad de ello tras su caída en desgracia. Además, atesoraba una gran cultura clásica; sobre todo, de Roma, a la que admiraba. La unión de todo lo anterior nos da como fruto una personalidad excepcional así como una original y descarnada visión del mundo y de la realidad.

En este libro,  disfrutarás de los conocimientos extraídos de tres de sus obras – El Príncipe, Discursos sobre la primera Década de Tito Livio y Del Arte de la Guerra- en los que explica al ser humano, a la sociedad y a sus conflictos.

Lo que vas a leer a continuación trata de cómo se realizan los trucos del poder y cómo lo entienden los poderosos, contado por uno de los genios de la Humanidad en este campo de la sabiduría. Si  ya tienes a cargo muchas personas, ejerces liderazgo o estás en un puesto de poder, muchas de las ideas expuestas ya te serán familiares.

Si no es tu caso, no te escandalices con lo que a veces leas: es la realidad y negarse a aceptarlo es echarse arena en los ojos.

Disfruta de estos conocimientos, medita sobre ello y aplícate a lo que sepas y puedas.

 En este libro podrás leer sabios consejos intemporales de Maquiavelo sobre la naturaleza humana, el gobierno de los hombres, cómo actúa la diplomacia y cómo vencer en un conflicto.

 Como Maquiavelo, sabrás cómo enfocar y resolver problemas cotidianos, así como conocer facetas de la psicología humana que no son políticamente correctas.

 Entenderás la mente de Maquiavelo

Precio: 7 €

Leer un extracto

Comprar el libro PDF

Hacer dinero y no fracasar en el intento

Hacer dinero es sorprendentemente fácil y sencillo, solo tienes que acabar con tus deudas, ahorrar e invertir lo ahorrado.

Hacer dinero consiste en que el dinero trabaje para ti. Lo que ya no es tan sencillo es llevarlo a cabo. Aquí verás cómo hacerlo.

Cómo hacer dinero y no fracasar en el intento
Cómo hacer dinero y no fracasar en el intento

Hay otras muchas formas de hacerte rico, como puede ser casarte con alguien que ya lo sea, que te toque un premio en un juego de azar, ponerte cerca de donde haya dinero para que algo vaya a tus bolsillos o dedicarte a la delincuencia. Pues bien, hasta en estas otras formas de hacer dinero, que no te aconsejo, se necesita aplicar lo que acabas de leer sobre deudas, ahorro e inversión para ser aún más rico o para no perder la fortuna.

Este libro no te va a enseñar a hacerte rico o millonario, pero te va a sacar de una existencia de escaseces monetarias y te va a hacer disfrutar de tu vida a través de una economía desahogada. Quizás, si aplicas con diligencia lo que vas a leer, hasta puedas llegar a vivir sin trabajar, haciendo que el dinero trabaje para ti en vez de que sea tu el que trabaje para obtenerlo. Todo lo que aquí leas está al alcance de cualquier persona. Cualquiera puede lograr hacer dinero, de hecho, millones de personas ya lo han logrado.

¿Qué aprenderás sobre hacer dinero en este libro?

Verás cómo acabar con tus deudas y cómo evitar endeudarte. Huye del infierno de las tarjetas de crédito. Conoce al detalle los préstamos e hipotecas

La forma de ahorrar con menos esfuerzo. ¿Sabes en qué gastas tu dinero? Reduce tus gastos y crea un fondo de reserva. Haz un presupuesto que te guiará en tu ahorro.

¿Cómo multiplicar tu dinero? Antes de seguir leyendo, un consejo que te ahorrará muchos disgustos.

Concepto de liquidez, riesgo y rentabilidad

¿Qué son los depósitos bancarios? ¿Qué es la renta fija y la renta variable?

Usa a tu favor la magia del interés compuesto

Evalúa tu situación financiera, establece tus metas y determina tu tolerancia al riesgo para adoptar tu estilo de inversión

Ahora podrás comprender la Bolsa

Elige tu sistema de inversión: el libro que bate el mercado, los perros del Dow, el Sistema GAD, invertir en dividendos e invertir como Warren Buffet.

Decálogos sobre el dinero para consulta rápida.

Precio: 7,90 €

Leer un extracto

Comprar el libro PDF

Mazarino y el Breviario de los Políticos.

El Breviario de los Políticos, del Cardenal Mazarino, es mas maquiavélico que Maquiavelo. 

Breviario de los Políticos. Cardenal Mazarino
Breviario de los Políticos. Cardenal Mazarino

Descarnado manual para conseguir el poder y conservarlo. La consecución de los objetivos personales eclipsa cualquier consideración de orden moral.

El sabio Cardenal Mazarino te dará excelentes consejos sobre:

– Conocerte a ti mismo y a los demás. No correr tras las vanidades
– Acciones de los hombres en sociedad. Prestar, dar y hacer regalos
– Obtener el favor de otro, obtener y conferir honores y responder a las peticiones
– Administrar el tiempo consagrado a los negocios. Cómo leer y escribir. Cómo conservarse en buena salud
– Adquirir gravedad y evitar el odio y las ofensas
– Solicitar, aconsejar y no dejarse sorprender
– Conocer las intenciones que se esconden detrás de las palabras y arrancar secretos
– Evitar que otro rechace una función e incitar a la acción
– Adquirir sabiduría y obrar con prudencia
– Desembarazarse de un huésped indeseable
– Cómo conversar y cómo alabar a otros
– Aparentar y simular sentimientos, ocultar los propios errores y obtener la verdad
– Excitar el odio contra los malos. Acusar y no ser acusado
– Poner fin a una amistad, despreciar los ataques verbales y reprimir la cólera
– Desviar las sospechas y desembarazarse de los malos. Corregir, castigar, criticar y enmendar
– Adquirir habilidad en la acción

Este Breviario para los Políticos es un compendio de máximas políticas y “maldades” usadas por políticos, negociadores y estrategas. El cardenal Mazarino nos ofrece una perfecta guía, un recetario, para sobrevivir en el mundo actual. Nos encontramos con una auténtica joya. Un breve libro de máximas, recomendaciones y aforismos que pondrán los pelos de punta a cualquier lector por su modernidad, perversa inteligencia y astucia del Cardenal Mazarino -uno de los hombres públicos más importantes del siglo XVII- a la hora de abordar la vida política, las relaciones sociales, las negociaciones, cómo ganar amigos y reducir enemigos, cómo disimular, engañar, traicionar, estafar, etc.

Todo un Arte de la Guerra centrado en la vida cotidiana. Una frase del prólogo de Umberto Eco explica muy bien el contenido de esta obra: “Un libro de esta naturaleza se lee para obtener un beneficio. Pero que nadie crea que nos puede ayudar a convertirnos en hombres de poder. No se trata de que las máximas sean malas, al contrario son todas muy buenas. Este libro nos enseña lo que los hombres de poder saben ya, quizá por instinto. En este sentido, no se trata sólo de un retrato del pensamiento de Mazarino, es un retrato-robot de uso para la vida cotidiana, para la vida de todos nosotros, todos los días.”

Precio: 4,95 €

Leer un extracto

Comprar el libro PDF