33 estrategias de la guerra, de Robert Greene. Estrategias para tu vida

33 estrategias de la guerra es una obra altamente recomendable. Se basa en una analogía entre la estrategia militar y la estrategia aplicada a diversos ámbitos.

Con una marcada influencia de El Arte de la Guerra de Sun Tzu y de las biografías de personajes tales como Napoleón Bonaparte o George Patton, en sus 33 estrategias de la guerra , Greene plantea 33 polémicos puntos para comenzar a pensar estratégicamente y no tácticamente. El campo de batalla es la propia carrera profesional.

Las 33 estrategias de la guerra
33 estrategias de la guerra
Primero, en las 33 estrategias de la guerra se establecen reglas fundamentales del pensamiento estratégico a tener en cuenta, de uso permanente:
  • Ver la vida desde un punto de vista realista
  • No juzgar a los demás de acuerdo con lo que dicen, sino con lo que hacen.
  • Depender sólo de uno mismo.
  • No reaccionar con enojo sino con sabiduría.
  • No tratar de imponer su punto de vista a la fuerza.
  • Mantener el ánimo.

A continuación puedes leer el prefacio de ” Las 33 estrategias de la guerra”.

Vivimos en una sociedad que promueve los valores democráticos de ser justos con uno y con todos, la importancia de encajar en un grupo y saber cómo cooperar con los demás. Se nos enseña pronto en la vida que quienes son exteriormente combativos y agresivos pagan un precio social: impopularidad y aislamiento. Estos valores de armonía y cooperación son perpetuados en formas sutiles y no tanto: a través de libros sobre cómo triunfar en la vida; a través del agradable, pacífico exterior que quienes encabezan al mundo presentan a la sociedad; a través de las nociones de corrección que saturan el espacio público. El problema para nosotros es que se nos educa y prepara para la paz, y no se nos prepara en absoluto para lo que enfrentamos en el mundo real: la guerra.

Ciertamente tiempo de milicia tiene el hombre sobre la tierra. JOB 7, 1

Qui desiderat pacem, praeparet bellum. (Quien quiera paz, que se prepare para la guerra.)
VEGECIO, SIGLO IV D.C.

En las 33 estrategias de la guerra se explica que esta guerra existe en varios niveles. El más obvio es el de nuestros rivales en la parte contraria. El mundo se ha vuelto crecientemente competitivo y malévolo. En la política, los negocios e incluso las artes encaramos adversarios que harán casi cualquier cosa para tener ventaja. Más inquietantes y complejas, sin embargo, son las batallas que sostenemos con quienes supuestamente están de nuestro lado. Hay quienes externamente juegan en equipo y actúan en forma amigable y complaciente, pero nos sabotean tras bastidores y usan al grupo para promover su propia agenda. Otros, más difíciles de detectar, practican sutiles juegos de agresión pasiva, ofreciendo ayuda que nunca llega, infundiendo culpa como un arma secreta. En la superficie todo parece bastante pacífico, pero justo bajo ella cada quien ve únicamente por sí mismo, dinámica que infecta incluso a familias y relaciones. La sociedad puede negar esta realidad y promover un cuadro más apacible, pero nosotros la conocemos y sentimos, en nuestras heridas de guerra.

Y no es que nosotros y nuestros colegas seamos criaturas innobles incapaces de cumplir los ideales de la paz y el desprendimiento, sino que no podemos evitar ser como somos. Poseemos impulsos agresivos imposibles de ignorar o reprimir. En el pasado, los individuos podían esperar que un grupo —el Estado, la familia extensa, una compañía— se hiciera cargo de ellos, pero éste ya no es el caso, y en este mundo desvalido tenemos que pensar primero y principalmente en nosotros y nuestros intereses. Lo que necesitamos no son imposibles e inhumanos ideales de paz y cooperación a los cuales adherirnos, ni la confusión que esto nos provoca, sino conocimientos prácticos sobre cómo abordar el conflicto y las batallas diarias que enfrentamos. Y estos conocimientos no aluden a cómo ser más enérgicos para obtener lo que queremos o para defendernos, sino a cómo ser más racionales y estratégicos en lo tocante al conflicto, canalizando nuestros impulsos agresivos en vez de negarlos o reprimirlos. Si hay un ideal que perseguir en las 33 estrategias de la guerra, debería ser el del guerrero estratégico, el hombre o la mujer que maneja situaciones y personas difíciles con maniobras hábiles e inteligentes.

[La estrategia] es más que una ciencia: es la aplicación del conocimiento a la vida práctica, el desarrollo de pensamientos capaces de modificar la idea rectora original a la luz de situaciones siempre variables; es el arte de actuar bajo la presión de las más difíciles condiciones.
HELMUTH VON MOLTKE, 1800-1891

Muchos psicólogos y sociólogos han sostenido que es por medio del conflicto que los problemas a menudo se resuelven y las diferencias reales se concilian. Nuestros éxitos y fracasos en la vida pueden atribuirse a lo bien o mal que manejamos los inevitables conflictos que enfrentamos en la sociedad. Las formas comunes en que la gente los maneja —tratar de evitar todo conflicto, reaccionar emocional y violentamente, volverse furtiva y manipuladora— son todas ellas contraproducentes a largo plazo, porque no están bajo un control consciente y racional y suelen empeorar la situación. Como se explica en las 33 estrategias de la guerra, los guerreros estratégicos operan de modo muy distinto. Piensan anticipadamente sus metas de largo plazo, deciden qué batallas eludir y cuáles son inevitables, saben cómo controlar y canalizar sus emociones. Cuando se ven obligados a pelear, lo hacen en forma indirecta y con maniobras sutiles, de modo que sus manipulaciones son difíciles de rastrear. Es así como pueden mantener el pacífico exterior tan apreciado en estos tiempos políticos.

Este ideal de combatir racionalmente nos viene de la guerra organizada, ámbito en el que el arte de la estrategia se inventó y refinó. En un principio, la guerra no fue en absoluto estratégica. Las batallas entre tribus se libraban en forma brutal, una especie de ritual de violencia en el que los individuos podían ostentar su heroísmo. Pero cuando las tribus se expandieron y evolucionaron en Estados, se hizo más que evidente que la guerra tenía demasiados costos ocultos, que trabarla ciegamente solía conducir al agotamiento y la autodestrucción, aun para el vencedor. De alguna manera las guerras tenían que librarse de un modo más racional.

La palabra “estrategia” procede de la antigua palabra griega strategos, que significa literalmente “el jefe del ejército”. La estrategia era en este sentido el arte del generalato, de la dirección del esfuerzo bélico entero, decidiendo qué formaciones desplegar, en qué terreno combatir, qué maniobras usar para lograr ventaja. Y cuando estos conocimientos progresaron, los jefes militares descubrieron que cuanto más pensaban y planeaban con anticipación, más posibilidades de éxito tenían. Nuevas estrategias podían permitirles derrotar a ejércitos mucho más grandes, como hizo Alejandro Magno en sus victorias sobre los persas. Al enfrentar a adversarios astutos que también recurrían a la estrategia, se desarrolló una presión ascendente: para obtener ventaja, un general tenía que ser aún más estratégico, más indirecto y hábil, que la otra parte. Al paso del tiempo, las artes del generalato se volvieron cada vez más sofisticadas, conforme se inventaban más estrategias.

Aunque la palabra “estrategia” es de origen griego, el concepto aparece en todas las culturas, en todos los periodos. Sólidos principios sobre cómo manejar los inevitables accidentes de la guerra, cómo elaborar el plan maestro, cómo organizar mejor al ejército: todo esto puede encontrarse en manuales de guerra desde la antigua China hasta la Europa moderna. El contrataque, la maniobra de flanqueo o envolvimiento y las artes del engaño son comunes a los ejércitos de Genghis Khan, Napoleón y el rey zulú Shaka. En conjunto, estos principios y estrategias indican una suerte de sabiduría militar universal, una serie de patrones adaptables que pueden incrementar las posibilidades de victoria.

En consecuencia, hijo mío, elabora tu estrategia a fin que las recompensas en las justas no esquiven tu puño. La estrategia produce un mejor leñador que la fuerza. Mantiene en curso el navío del piloto cuando el viento sopla sobre la mar azul. Y vence carreras por los aurigas. Un cochero imprudente confía en sus caballos y su carro, y gira en una u otra dirección, sobre la marcha, sin tirar de la rienda a sus corceles. Pero el que sabe triunfar con caballos de menor valía, fija el ojo en el mástil y da más ceñidas vueltas, y mantiene desde el principio, con firme mano, tensas las riendas, mientras observa al puntero.
LA ILÍADA, HOMERO, CIRCA SIGLO IX A.C.

Quizá el mayor estratega de todos sea Sun Tzu, autor del antiguo clásico chino El arte de la guerra. En su libro, escrito probablemente en el siglo IV a.C., pueden hallarse huellas de casi todos los patrones y principios estratégicos desarrollados más tarde en el curso de los siglos. Pero lo que los une, lo que constituye de hecho el arte de la guerra a ojos de Sun-tzu es el ideal de vencer sin derramar sangre. Explotando las debilidades psicológicas del adversario, manipulándolo para que adopte posiciones precarias, induciendo sentimientos de frustración y confusión, un estratega puede lograr que la otra parte se desplome mentalmente antes de rendirse físicamente. De este modo, la victoria puede obtenerse a mucho menor costo. Y el Estado que gana guerras con escasa pérdida de vidas y desperdicio de recursos es el Estado que puede prosperar durante periodos más largos. Ciertamente, la mayoría de las guerras no se dan en forma tan racional, pero las campañas de la historia que han seguido este principio (Escipión el Africano en España, Napoleón en Ulm, T. E. Lawrence en las campañas del desierto de la Primera Guerra Mundial) destacan sobre las demás y representan el ideal a seguir.

La guerra no es un reino aparte divorciado del resto de la sociedad. Es un campo eminentemente humano, colmado de lo mejor y lo peor de nuestra naturaleza. La guerra también refleja tendencias sociales. La evolución hacia estrategias menos convencionales, más sucias —guerra de guerrillas, terrorismo—, responde a una evolución similar en la sociedad, donde casi todo se vale. Las estrategias exitosas en la guerra, ya sea convencional o no convencional, se basan en una psicología imperecedera, y los grandes fracasos militares tienen mucho que enseñarnos sobre la estupidez humana y los límites de la fuerza en cualquier campo. El ideal estratégico en la guerra —ser sumamente racional y guardar el equilibrio emocional, pugnar por vencer con un mínimo de derramamiento de sangre y pérdida de recursos— tiene una aplicación y relevancia infinitas en nuestras batallas diarias.

Imbuidos de los valores de nuestra época, muchos argumentarán que la guerra organizada es inherentemente bárbara, una reliquia del violento pasado del hombre y algo por superar para siempre. Promover las artes de la guerra en el ámbito social, dirán, es interponerse en el camino del progreso y alentar el conflicto y la disensión. ¿No hay ya suficiente de ello en el mundo? Este argumento es muy seductor, pero no del todo razonable. En la sociedad y el mundo en general siempre habrá individuos más agresivos que nosotros empeñados en lograr lo que quieren a todo trance. Debemos estar alertas y saber defendernos de esas personas. Los valores civilizados no se fomentan si nos vemos obligados a rendirnos a los astutos y los fuertes. De hecho, ser pacifistas de cara a esos lobos es fuente de inagotables tragedias.

El yo es amigo del hombre que se domina por su intermedio; pero para un hombre sin dominio de sí, el yo es como un enemigo de guerra.
BHAGAVAD GITA, INDIA, CIRCA SIGLO I D.C

Mahatma Gandhi, quien elevó la no violencia a gran arma para el cambio social, tuvo una meta muy sencilla en las últimas etapas de su vida: librar a la India de los amos británicos que la habían sometido durante siglos. Los británicos eran hábiles gobernantes. Gandhi comprendió que para que la no violencia surtiera efecto, tenía que ser extremadamente estratégica, lo que exigía mucha reflexión y planeación. Llegó incluso a calificar la no violencia como una nueva forma de guerrear. Para promover cualquier valor, aun la paz y el pacifismo, se debe estar dispuesto a pelear y perseguir resultados, no sólo la grata y cálida sensación que la expresión de esas ideas puede brindar. Y desde el momento mismo en que se persiguen resultados, se está en el reino de la estrategia. Guerra y estrategia poseen una lógica inexorable: si quieres o deseas algo, tienes que estar dispuesto y en condiciones de luchar por ello.

Otros aducirán que la guerra y la estrategia son principalmente cuestiones que conciernen a los hombres, en particular a los agresivos o pertenecientes a la élite del poder. El estudio de la guerra y la estrategia, dirán, es una actividad masculina, elitista y represiva, un medio de perpetuación del poder. Este argumento es un disparate peligroso. Al principio, la estrategia fue efectivamente exclusiva de unos cuantos selectos: un general, su estado mayor, el rey, un puñado de cortesanos. A los soldados no se les enseñaba estrategia, porque no les habría ayudado en el campo de batalla. Además, era imprudente armarlos del tipo de conocimientos prácticos que podían servirles para organizar un motín o una rebelión. La era del colonialismo llevó aún más lejos este principio: los pueblos indígenas de las colonias europeas fueron enrolados en los ejércitos occidentales y realizaban gran parte de la labor de vigilancia, pero aun a quienes ascendían a los grados superiores se les privaba rigurosamente de conocimientos de estrategia, considerada demasiado peligrosa para que la aprendieran. Mantener la estrategia y las artes de la guerra como rama del conocimiento especializado es en realidad hacer el juego a las élites y fuerzas represivas, que gustan de dividir y vencer. Si la estrategia es el arte de obtener resultados, o de poner en práctica ideas, se le debería difundir ampliamente, en particular entre las personas a las que tradicionalmente se ha privado de ella, incluidas las mujeres. En la mitología de casi todas las culturas, los grandes dioses de la guerra son mujeres, como Atenea en la antigua Grecia. La falta de interés de una mujer en la estrategia y la guerra no es biológica sino social, y quizá también política.

En vez de repudiar la propagación de la estrategia y de las virtudes de la guerra racional, o de imaginarlas indignas de nosotros, es preferible aceptar su necesidad. Dominar este arte de las 33 estrategias de la guerra hará más pacífica y productiva tu vida a largo plazo, porque sabrás practicar el juego y ganar sin violencia. Ignorarlo te conduciría a una vida de interminable confusión y derrota.

Aunque es una diosa de la guerra, [a Atenea] no le agrada la batalla, […] sino más bien el arreglo de las disputas y la defensa de la ley por medios pacíficos. No lleva armas en tiempo de paz, y si alguna vez las necesita, se las pide habitualmente a Zeus. Su misericordia es grande. […] Sin embargo, una vez que interviene en la batalla nunca es derrotada, ni siquiera cuando lucha contra Ares mismo, pues domina mejor que él la táctica y la estrategia, y los capitanes prudentes acuden siempre a ella en busca de consejo.
LOS MITOS GRIEGOS, VOL. 1, ROBERT GRAVES, 1955.

Las 33 estrategias de la guerra. Robert Greene
Las 33 estrategias de la guerra. Robert Greene

Los siguientes párrafos que siguen son seis ideales fundamentales de las 33 estrategias de la guerra que deberías perseguir para transformarte en guerrero estratégico en la vida diaria.

Idea 1 de las 36 estrategias de la guerra: Ve las cosas como son, no como tus emociones las colorean.

En la estrategia debes ver tus reacciones emocionales a los hechos como una especie de enfermedad por curar. El temor te hará sobreestimar al enemigo y actuar demasiado a la defensiva. El enojo y la impaciencia te empujarán a acciones precipitadas que reducirán tus opciones. El exceso de confianza, particularmente como resultado del éxito, te obligará a ir demasiado lejos. El amor y el afecto te cegarán ante las insidiosas maniobras de quienes aparentemente están de tu lado. Aun las más sutiles gradaciones de estas emociones podrían colorear tu manera de ver los hechos. El único remedio es estar consciente de que el brote de la emoción es inevitable, notarlo cuando aparezca y compensarlo. Cuando tengas éxito, sé extremadamente precavido. Cuando te enojes, no emprendas ninguna acción. Cuando tengas miedo, recuerda que exagerarás los peligros que enfrentes. La guerra demanda el máximo de realismo, ver las cosas tal como son. Cuanto más puedas limitar o compensar tus reacciones emocionales, más te acercarás a este ideal.

Idea 2 de las 36 estrategias de la guerra: Juzga a la gente por sus actos.

El brillo de la guerra es que ninguna medida de elocuencia o palabrería puede disculpar un fracaso en el campo de batalla. Un general lleva a sus tropas a la derrota, se han perdido vidas, y así es como la historia lo juzgará. Pugna por aplicar esta implacable norma en tu vida diaria, juzgando a la gente por los resultados de sus actos, las acciones que pueden verse y medirse, las maniobras que usó para adquirir poder. Lo que la gente diga de sí misma no importa; dirá lo que sea. Ve lo que ha hecho; los actos no mienten. También puedes aplicar esta lógica a ti mismo. Al analizar una derrota, identifica las cosas que habrías podido hacer de otra manera. La culpa de tus fracasos la tienen tus malas estrategias, no las trampas del contrincante. Eres responsable de lo bueno y malo en tu vida. Como corolario de esto, ve todo lo que hacen los demás como una maniobra estratégica, un intento por conseguir la victoria. Quienes te acusan de desleal, por ejemplo; quienes intentan hacerte sentir culpable y hablan de justicia y moral, tratan de obtener una ventaja en el tablero.

Idea 3 de las 36 estrategias de la guerra: Depende de tus propias armas.

En la búsqueda del éxito en la vida, la gente tiende a depender de cosas que parecen simples y fáciles o que han funcionado antes. Esto podría significar acumular riqueza, recursos, un gran número de aliados o la más reciente tecnología y la ventaja que conlleva. Pero esto es ser materialista y mecánico. La verdadera estrategia es psicológica; cuestión de inteligencia, no de fuerza material. Puedes tomar de ti todo en la vida, y por lo general estará en algún lado. Tu riqueza se evaporará, los más recientes artefactos se volverán passés en forma súbita, tus aliados te abandonarán. Pero si tu mente está armada con el arte de la guerra, no habrá poder que te lo pueda quitar. En medio de una crisis, tu mente hallará su camino a la solución correcta. Tener a la mano estrategias superiores dará a tus maniobras una fuerza irresistible. Como dice Sun-tzu, “nuestra invencibilidad depende de nosotros”.

Idea 4 de las 36 estrategias de la guerra: Venera a Atenea, no a Ares.

En la mitología de la antigua Grecia, el inmortal más inteligente de todos era la diosa Metis. Para impedir que se burlara de él y lo destruyera, Zeus se casó con ella y luego se la tragó entera, con intención de apropiarse de su sabiduría en el proceso. Pero Metis estaba embarazada de la hija de Zeus, la diosa Atenea, quien nació así de la cabeza de éste. Como correspondía a su linaje, fue bendecida con la astucia de Metis y la mentalidad bélica de Zeus. Los griegos la consideraban la diosa de la guerra estratégica, siendo el ingenioso Odiseo su mortal y acólito favorito. Ares era el rey de la guerra en su forma directa y brutal. Los griegos lo despreciaban y adoraban a Atenea, quien siempre combatía con la mayor inteligencia y sutileza. Tus intereses en la guerra no son la violencia, la brutalidad y la pérdida de vidas y recursos, sino la racionalidad y el pragmatismo que ella misma nos impone, así como el ideal de vencer sin derramar sangre. Las figuras del mundo semejantes a Ares son en realidad muy estúpidas y se descarrían fácilmente. Usando la sabiduría de Atenea, tu meta es volver la violencia y agresión de esos sujetos contra ellos mismos, convirtiendo su brutalidad en la causa de su ruina. Como Atenea, anda siempre un paso adelante, para que tus lances sean más indirectos. Tu meta es combinar filosofía y guerra, sabiduría y batalla, en una mezcla invencible.

Contestóle Atenea, la diosa de ojos de lechuza: “¡Diomedes Tidida […]! No temas a Ares ni a ninguno de los inmortales; tanto te voy a ayudar. Ea, endereza los solípedos caballos a Ares el primero, hiérele de cerca y no respetes al furibundo dios, a ese loco voluble. […]”.A su vez, Diomedes, valiente en el combate, atacó a Ares con la broncínea lanza, y Palas Atenea, apuntándola a la ijada del dios, donde el cinturón le ceñía, le hirió. […]
[Ares] llegó en seguida al alto Olimpo […]: se sentó, con el corazón afligido, al lado de Zeus Cronión, mostró la sangre inmortal que manaba de la herida, y suspirando dijo estas aladas palabras: “¡Padre Zeus! ¿No te indignas al presenciar tan atroces hechos? Siempre los dioses hemos padecido males horribles que recíprocamente nos causamos para complacer a los hombres. […]”.
Mirándole con torva faz, respondió Zeus, que amontona las nubes: “¡Inconstante! No te lamentes, sentado junto a mí, pues me eres más odioso que ningún otro de los dioses del Olimpo. Siempre te han gustado las riñas, luchas y peleas, y tienes el espíritu soberbio, que nunca cede, de tu madre Hera, a quien apenas puedo dominar con mis palabras. […] Pero no permitiré que los dolores te atormenten. […]”. Y mandó a Peón que lo curara.[…]
Hera argiva y Atenea alalcomenia regresaron también al palacio del gran Zeus, cuando Telograron hacer cesar en la matanza a Ares, funesto a los mortales.
LA ILÍADA, HOMERO, CIRCA SIGLO IX A.C.

Idea 5 de las 36 estrategias de la guerra: Elévate sobre el campo de batalla.

En la guerra, la estrategia es el arte de dirigir toda las operaciones militares. La táctica es, por su parte, la habilidad de formar al ejército para que combata solo y resuelva las necesidades inmediatas del campo de batalla. En la vida, la mayoría de nosotros somos tácticos, no estrategas. Nos enredamos tanto en nuestros conflictos que sólo podemos pensar en cómo lograr lo que queremos en la batalla que sostenemos en el momento presente. Pensar estratégicamente es difícil y poco natural. Tú podrás creer que eres estratégico, pero es muy probable que seas meramente táctico. Para tener el poder que sólo la estrategia te puede brindar, debes ser capaz de elevarte sobre el campo de batalla, concentrarte en tus objetivos de largo plazo, planear una campaña íntegra y abandonar el modo reactivo en el que tantas batallas en la vida te encierran. Teniendo en mente tus metas generales, te será mucho más fácil decidir cuándo pelear y cuándo retirarte. Eso volverá mucho más sencillas y racionales las decisiones tácticas de la vida diaria. Las personas tácticas son torpes y están fijas en el suelo; los estrategas son ligeros y pueden ver muy lejos.

Idea 6 de las 36 estrategias de la guerra: Espiritualiza tu guerra.

Cada día enfrentas batallas: ésta es la realidad de todas las criaturas en su lucha por sobrevivir. Pero tu mayor batalla es contigo mismo: tus debilidades, tus emociones, tu falta de resolución para llevar las cosas hasta su término. Debes declarar una guerra incesante contra ti. Como guerrero en la vida, acepta el combate y el conflicto como medios para ponerte a prueba, mejorar tus habilidades y aumentar tu valor, experiencia y seguridad en ti mismo. En lugar de reprimir tus dudas y temores, debes eliminarlos, trabar batalla con ellos. Tú quieres más desafíos, y por lo tanto incitas más guerra. Estás forjando el espíritu del guerrero, y sólo la práctica constante te llevará ahí.

Contra la guerra puede decirse: que hace estúpido al vencedor, malicioso al vencido. En favor de la guerra: que al producir esos dos efectos, barbariza, y por lo tanto vuelve más natural; es el invierno o periodo de hibernación de la cultura, del que la humanidad emerge más fuerte para el bien y para el mal.
FRIEDRICH NIETZSCHE, 1844-1900.

Sin la guerra, los seres humanos se estancan en la comodidad y la abundancia y pierden la capacidad de grandes pensamientos y sentimientos, se vuelven cínicos y se hunden en la barbarie.
FYODOR DOSTOYEVSKY, 1821-1881.

Las 33 estrategias de la guerra son una destilación de la perdurable sabiduría contenida en las lecciones y principios de la operación militar. Este libro está destinado a armarte de conocimientos prácticos que te brinden infinitas opciones y ventajas frente a los elusivos guerreros que te atacan en tus batallas diarias.

Cada capítulo de las 33 estrategias de la guerra es una estrategia dirigida a resolver un problema particular con el que te topas a menudo. Tales problemas incluyen luchar con un ejército desmotivado tras de ti; desperdiciar energía peleando en demasiados frentes a la vez; sentirte abrumado por la fricción, la discrepancia entre planes y realidad; meterte en situaciones de las que después no puedes salir. Podrías leer los capítulos que se aplican a un problema particular en un momento dado. Mejor todavía, podrías leer todas las estrategias, asimilarlas y permitir que se conviertan en parte de tu arsenal mental. Aunque tu intención sea evitar una guerra, no sostenerla, muchas de estas estrategias son valiosas para efectos defensivos y para que comprendas qué podría tramar la parte contraria. En cualquier caso, no pretenden ser doctrinas ni fórmulas por repetir, sino apoyos para tu juicio al calor de la batalla, semillas que echen raíces en ti y te ayuden a pensar por ti mismo desarrollando al estratega latente que llevas dentro.

Las 36 estrategias de la guerra proceden de los textos y prácticas de los más grandes generales de la historia (Alejandro Magno, Aníbal, Genghis Khan, Napoleón Bonaparte, el zulú Shaka, William Techumseh Sherman, Erwin Rommel, Vo Nguyen Giap), así como de los mayores estrategas (Sun-tzu, Miyamoto Musashi, Carl von Clausewitz, Ardant du Picq, T. E. Lawrence, el coronel John Boyd). Van de las estrategias básicas de la guerra clásica a las estrategias sucias, no convencionales, de los tiempos modernos. El libro se divide en cinco partes: guerra autodirigida (cómo preparar tu mente y espíritu para la batalla); guerra organizacional (cómo estructurar y motivar a tu ejército); guerra defensiva; guerra ofensiva, y guerra no convencional (sucia). Cada capítulo se ilustra con ejemplos históricos, no sólo de la guerra, sino también de la política (Margaret Thatcher), la cultura (Alfred Hitchcock), los deportes (Muhammad Ali) y los negocios (John D. Rockefeller), lo que confirma la íntima conexión entre lo militar y lo social. Estas estrategias pueden aplicarse a contiendas de cualquier escala: guerra organizada, batallas de negocios, política de un grupo e incluso relaciones personales.

La naturaleza decidió que lo que no puede defenderse solo no sea defendido.
RALPH WALDO EMERSON, 1803-1882.

Finalmente y como compendio de las 33 estrategias de la guerra, señalar que la estrategia es un arte que requiere no sólo una diferente manera de pensar, sino también un enfoque completamente distinto de la vida misma. Con demasiada frecuencia existe un abismo entre nuestras ideas y conocimientos, por un lado, y nuestra experiencia real por el otro. Absorbemos trivialidades e información que ocupan espacio mental pero no nos llevan a ninguna parte. Leemos libros que nos divierten, pero que tienen poca relevancia para nuestra vida diaria. Tenemos elevadas ideas que no ponemos en práctica. También tenemos muchas y muy ricas experiencias que no analizamos lo suficiente, que no nos inspiran ideas, cuyas lecciones ignoramos. La estrategia requiere un constante contacto entre esos dos reinos. Es conocimiento práctico en su mejor expresión. Los hechos de la vida no significan nada si no reflexionas en ellos a profundidad, y las ideas de los libros son chatas si no tienen ninguna aplicación a la vida tal como tú la vives. En la estrategia, toda la vida es un juego en el que tú participas. Este juego es emocionante, pero también requiere profunda y seria atención. Es mucho lo que está en disputa. Lo que sabes debe traducirse en acción, y la acción en conocimiento. En consecuencia, en las 36 estrategias de la guerra la idea central es que la estrategia es un desafío para toda la vida, y fuente de constante placer en la superación de dificultades y la resolución de problemas.

En este mundo en el que se juega con dados cargados, un hombre debe poseer temple de hierro, armadura a prueba de los golpes del destino y armas para abrirse camino contra los demás. La vida es una larga batalla; tenemos que luchar a cada paso; y Voltaire dice muy atinadamente que, si triunfamos, será a punta de espada, y que morimos con las armas en la mano.
—Arthur Schopenhauer, Counsels and Maxims, 1851.

Puede adquirir las “33 estrategias de la guerra” en este enlace

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El Arte de la Seducción, resumen. Robert Greene

En el Arte de la Seducción, resumen, de Robert Greene se muestran las 24 claves que reúnen todas las estrategias para seducir a alguien.

Lo expuesto en “el arte de la seducción” es válido no solo en las relaciones sentimentales, sino en cualquier ámbito de la vida: en los negocios, entre amigos, en el entorno familiar… Cada tipo de persona (sirena, calavera, dandy, carismático, estrella, etc.) tiene unas armas que emplear y  una estrategia de seducción que también debe conocer para saber si está siendo seducido.

El Arte de la Seducción. Robert Greene
El Arte de la Seducción. Robert Greene

Tanto los hombres como las mujeres poseemos un arma formidable que nos permite cautivar a las demás personas y tenerlas a nuestra merced. Sin embargo, no todos han sabido sacar provecho de esta capacidad y esta estrategia de seducción. Allí donde la fuerza bruta no tiene cabida, resulta inútil o es socialmente inaceptable, la estrategia de seducción se convierte en una herramienta invaluable. La seducción nos permite lograr casi cualquier cosa: conquistar a la persona amada, ganarnos el aprecio de nuestros semejantes, abrirnos paso en el mundo de los negocios, alcanzar el poder político, persuadir a la gente para que haga lo que nosotros queremos e imponer las propias ideas a los demás sin ofenderlos ni presionarlos.

Conoce a los nueve tipos de seductor y averigua con cuál te identificas. Aprende en este resumen de “el arte de la seducción” las veinticuatro maniobras y estrategias que te enseñarán a crear un hechizo irresistible y vencer la resistencia de los demás.

Breve Resumen “El Arte de la Seducción”

R. Greene se tomó el trabajo de estudiar el tema de la estrategia de seducción a fondo y si bien, en el prólogo dice que esto va más allá de seducir a una mujer o llamarle la atención a un hombre,  en general los consejos y conceptos se aplican mas al juego de seducción amoroso que a otros casos.

Igualmente Robert Greene estudió personas famosas “seductoras” de su audiencia ya sea políticos como JFK o actores como Marilyn Monroe. Y con el conjunto de todo este estudio escribió el libro del que ahora verás un resumen.

En resumen, el libro “El Arte de la Seducción” consta de 2 partes bastante prácticas

1. Primera Parte de “El arte de la seducción” : Estilos de Seducción

Identifica 9 estilos de seducción de las personas. Basándonos en la premisa que todos seducimos para conseguir lo que queremos (desde un papel en una pelicula, hasta un votante en el día de la elección presidencial). Esta categorización me pareció muy útil, divertida para hacer el test en la familia y especialmente para aquellos que nos dedicamos a vender y a seducir con palabras, interesante.

2. Segunda Parte de”El arte de la seducción”: 24 Estrategias de Seducción

El autor te da consejos o ideas de lo que puedes hacer para lograr lo que quieres. Algunos consejos, me parece que casi la mayoría, se aplican a los “juegos de seducción” pero si sacamos del lado eso creo que nuevamente para aquellos que trabajen en ventas, que quieran lograr algo en la gente pueden ser útiles.

Resumen del libro

En “el arte de la seducción”, Robert Greene (que es un gran amante de la literatura y Francia) se interesa por los más famosos seductores como Cleopatra, Marilyn Monroe, Casanova, Don Juan, Josefina Bonaparte, Errol Flynn, etc. Habla de “seductores” en el sentido literal y diabólico de la palabra: aquellos que sacan a las personas del camino correcto. El autor cuenta muchas anécdotas sobre estos seductores, que sirven de ejemplo e ilustran sus consejos.

Algunos pasajes de las lecciones que el autor extrae de estas historias de seducción son claramente similares a la manipulación. Por lo tanto, en “el arte de la seducción” puedes conmocionarte por su lado amoral: de hecho, según Greene, el seductor es un cazador y lo que aspira es su futura víctima… Pero es una víctima que a menudo acepta ser seducida, no lo olvidemos. La seducción es un juego de engaños que, guiados inteligentemente, se convierte en un arte y en un verdadero placer para ambas partes. Y las relaciones entre el seductor y su “víctima” a menudo consentidos no son siempre lo que parecen, a nuestro juicio, con los prejuicios de nuestro tiempo.

Te invito a leer este resumen de “el arte de la seducción” con una mente abierta para no perderte la riqueza de este libro debido a anacronismos de análisis o principios morales demasiado rígidos. Uno puede tener una ética de la seducción y no ser necesariamente, al contrario de su reputación, una “ciencia amoral”.

Parte 1: Perfiles de seductores

En la primera parte de”el arte de la seducción”, Robert Greene nos invita a buscar a qué categoría o  categorías de seductor pertenecemos. De hecho, al ayudarnos a posicionarnos como un seductor, estos perfiles nos ayudan a trabajar en nuestras fortalezas. En esta parte, cada capítulo habla de un perfil de seductor. Ten en cuenta que podemos estar bastante fuera de varias categorías de seductores: distingue a la sirena, al libertino, el amante ideal, el dandy, el niño eterno, la coqueta, la encantadora, la figura carismática, la estrella…

Perfil 1: La sirena

La Sirena es una persona que posee una feminidad o una masculinidad exuberante. Pero no es tanto la belleza de la Sirena lo que cautiva, sino el sentido teatral de las fantasías que sabe cómo encarnar (este perfil suele ser femenino).

Perfil 2: El libertino

El libertino encarna una gran fantasía femenina (en su mayoría es un perfil masculino). La lección dada por el ferviente libertino es que la expresión de un deseo intenso induce a error tanto a la mujer como a la sirena que engaña al hombre. Para ilustrar, este es el personaje de Javier Bardem en Vicky Christina Barcelona. Este personaje me gusta mucho porque el autor demuestra que no hay necesidad de ser bello para ser una fantasía a los ojos de algunas mujeres.

Perfil 3: El amante ideal

El amante ideal es un artista que da forma a la ilusión que su objetivo necesita, es el cuidado de su amante. Este perfil es exigente porque tienes que concentrarte casi exclusivamente en el otro para descubrir lo que le falta. La mayoría de las personas están tan obsesionadas en mirar su propio ombligo que no pueden asumir ese papel, son incapaces de practicar la “escucha activa”. ¡Pero para aquellos que pueden, vale la pena!

Perfil 4: El Dandy

El Dandy sugiere una libertad que a la mayoría de la gente le gustaría disfrutar. La clave de su poder es la ambigüedad. La sociedad se compone esencialmente de personas que desempeñan su papel en primer grado: quienes se niegan a cumplirlo despiertan necesariamente interés. ¡Solo observa a Lady Gaga!

Perfil 5: El niño eterno

El niño eterno encarna cualidades de las que recordamos con nostalgia: espontaneidad, sinceridad, ausencia de pretensiones, etc. Es un poco como Patrick Jane, el mentalista. Su despliegue natural de debilidad desarma a sus interlocutores y lo hace comprensivo.

Perfil 6: La coqueta

La coqueta oscila entre la esperanza y la frustración. Sus hermosas promesas no se cumplen a menudo, pero conducen a su presa a empeorar su situación aún más.

Perfil 7: El encantador

El encantador usa lo último en seducción, manipulación: comodidad… Empático, se adapta al estado de ánimo de su objetivo para tranquilizarlo, no genera controversia, no se enoja. Su indulgencia actúa como una droga, y le gusta poner en valor a los demás para convertirlos en el mayor defecto del hombre: la vanidad.

Perfil 8: La figura carismática

La figura carismática fascina por una energía interna, una confianza en sí mismo, una determinación que le da la estatura casi sobrenatural de un Dios y es contagiosa. Nos gusta ser guiados, especialmente por aquellos que prometen aventura y fortuna. Entonces es una especie de líder.

Perfil 9: La estrella

La Estrella atrae todas las miradas y permanece inaccesible. Criatura ideal, actúa subliminalmente. Pero la Estrella crea una visión placentera que es solo una ilusión. El peligro es que sus fieles se aburran, que la ilusión deja de cautivar.

Perfil 10: El antiseductor

El antiseductor es el que no debes envidiar, el que nunca tienes que ser. Aquí puedes ver todos los tipos de antiseductores  para huir de estos comportamientos.

Perfiles de las víctimas

Robert Greene describe los dieciocho perfiles típicos de víctimas, dieciocho perfiles para ser seducidos de acuerdo a sus debilidades. Su teoría es que cada perfil ofrece su ángulo de ataque, una brecha en la que el manipulador del seductor puede atacar. Según él, solo una víctima ideal puede dar lugar a una buena cacería.

Pero, antes que nada, sepan que no me gusta su terminología. Para mí, la seducción es algo que debe ser “ganar-ganar”. La persona seducida no pierde nada cuando cede ante el seductor, ambos ganan algunos orgasmos. Bueno, esa es solo mi opinión.

Entonces, es obvio que la psicología es lo más importante en la seducción. Si podemos ofrecerle lo que le falta a una persona, necesariamente lo complacerás (a menos que carezca de un mejor amigo). Sin embargo, cuando hacemos acercamientos en clubes nocturnos o en la calle, es difícil definir en pocos minutos a qué categoría pertenece una persona. Si fuera obvio calibrar tan rápido, todos seríamos buenos para la seducción.

Por eso, finalmente, te aconsejo que no uses el lado de “manipulación” de este libro. Prefiero aconsejarte que te concentres en el perfil de seductor que te gustaría ser y lo refuerces. Eres un cierto tipo de seductor que atrae a cierto tipo de mujer, acéptalo. Siempre es bueno saberlo para conocerse mejor y saber en qué tipo de mujeres centrarte. No olvidemos que esta ciencia no es precisa.

Parte 2: El proceso de seducción

En la segunda y última parte del libro, Robert Greene divide el proceso de seducción en cuatro subpasos. Cada subpaso está dividido en capítulos.

Fase 1: aislar e intrigar, el despertar del deseo

  1. Elige a tu víctima: en otras palabras, concéntrate en los buenos clientes (como en el marketing , además de la seducción y el marketing son dos disciplinas muy cercanas y muchos artistas de la seducción se han convertido en comerciales). Las carreras están demasiado ocupadas y las personas ocupadas no están disponibles. Los mejores objetivos son aquellos que tienen una necesidad insatisfecha de aventura.
  1. Inspira confianza: si tu objetivo se da cuenta de que lo estás manipulando, o de que está obedeciendo a tus deseos, te culparán. El parecer que no diriges es una gran herramienta para el seductor.
  1. Caliente y frío: cultiva la ambigüedad de tus sentimientos, demuéstrate duro y tierno, místico y bondadoso, ingenuo e inteligente. Una mirada enigmática te fascina y te hace desear saber más.
  1. Despierta celos: a menudo queremos lo que otros quieren, queremos obtener lo que el otro tiene. Si te gustan otras mujeres, te interesarán aún más, se llama “preselección”. Recuerdo que, para obtener más impacto, la competencia del amor debe ser sugerida y no explícita.
  1. Crea necesidades… sin satisfacerlas: crea tensiones (falta o deseo) y crea frustraciones entre tus objetivos.
  1. Dominar el arte de la insinuación: es el arte de inculcar en la mente las otras ideas que florecerán más tarde, sin su conocimiento (como en la película Inception). Haz declaraciones brutales seguidas de excusas, tus comentarios revelarán su verdadero significado solo en el subconsciente de su víctima. Para implantar el germen de una idea seductora, es necesario apelar a la imaginación, a las fantasías, a los sueños secretos del otro. Lo que mueve su mente es evocar lo que ella quiere escuchar. La insinuación es efectiva porque evita la resistencia natural, pero también porque es el lenguaje del placer.
  1. Vivir el espíritu del otro: darle a tu víctima la ilusión de que ella es quien te seduce. Cada uno se centra en sus gustos, sus experiencias, sus opiniones. Nos protegemos dentro de un caparazón y la mejor manera de sacar a una persona de su caparazón y ser uno con ella es devolverle su imagen para que su vanidad no se sienta amenazada por la diferencia. Para reflejar a las personas, debes enfocarte en ellas intensamente, sentir el esfuerzo que se hace y las adula.
  1. Proponer la tentación de la serpiente que tentó a Eva con la promesa de conocimiento prohibido, debes despertar la idea que su destino quiere que no pueda controlarse, descubrir su sueño y dejar que piense que puedes llevarlo allí. El mundo está lleno de tentaciones, es difícil permanecer virtuoso y honesto, hay que reprimir constantemente los deseos más poderosos. Resistir es mucho más costoso que ceder a la tentación, como dijo el amigo Oscar Wilde (que también era un dandy).

Fase 2: Trazar el camino correcto, entre problemas y placer

  1. Mantén el suspense: guarda sorpresas calculadas y dale a tu “víctima” un escalofrío cambiando de rumbo.
  1. Problemas a través de la magia del habla, no es fácil ser escuchado: todos estamos atentos a nuestras propias preocupaciones y deseos, nadie están interesados ​​en las tuyas. Haz vibrar con frases cargadas de emoción, halaga, tranquiliza, engaña, usa promesas y palabras dulces. El lenguaje clave de la seducción no reside en las palabras que decimos o el tono de la voz coqueta o el sonido del lenguaje ordinario: hablar con otros acerca de lo que los hace feliz, lo que les concierne, lo que adula su vanidad. La forma de lenguaje más antiseductora es la controversia.
  1. Cuida los detalles: el más seductor de todos, no es lo que uno dice, es lo que uno comunica sin decir nada. Las palabras vuelan, no comprometen nada y se olvidan rápidamente. Mientras que el gesto, el regalo inteligente, el detalle personalizado tienen una consistencia y una vida más real, porque hablan por sí mismos y significan más de lo que realmente son.
  1. Respira con la poesía: agrega a tu imagen un toque de poesía o atributos exóticos. Siempre que la otra persona esté sola con sus recuerdos de ti, él / ella te imagina con todos los placeres que le prometes. Este aura te distingue entre miles. Solo la mediocridad es imposible de idealizar y carece de poder de seducción. Es posible seducir solo despertando el sueño.
  1. Desarmar: desvía la atención de tus acciones adoptando un perfil bajo, para que el otro se sienta superior a ti. Esta es la preocupación que despierta sospechas, si tu objetivo se siente superior a ti, estará tranquilo; encontrándole demasiado débil, estará demasiado presa de sus emociones para crear algo. Admite algunas travesuras, juegue con las víctimas y las circunstancias, la presión que la otra persona tiene sobre ti. No salgas de tu camino para luchar contra tus debilidades, sé sincero y travieso.
  1. Crea ilusión: para escapar de las duras realidades de la existencia, la gente disfruta soñando despierta, imagina un futuro de éxito, aventura y amor. Lleva a tu víctima a un estado de confusión que ya no marca la diferencia entre la ilusión y la realidad. La gente quiere creer en cosas extraordinarias, a costa de un poco de preparación mental, se dejarán engañar. Haz que los demás crean que están realizando sus más profundas aspiraciones. Todos han tenido desilusiones en su vida. La perspectiva de recuperar algo que se ha perdido, de ver corregida una injusticia es irresistiblemente atractivo. Ningún deseo es tan fuerte como el de corregir el pasado o borrar una decepción.
  1. Aislar a la víctima: el aislamiento debilita, saca a tu víctima de su entorno habitual. Todos tenemos nuestra propia vida, aplastados por las responsabilidades, nos acercamos a la influencia de los demás, porque tenemos demasiadas preocupaciones. Mientras más aísles a tu objetivo de su pasado, más se anclará en el presente. El principio de aislamiento se puede tomar literalmente, las islas siempre han tenido la reputación de lugares propicios para los placeres de los sentidos. Ten cuidado, si actúas demasiado abruptamente, tu objetivo, presa del pánico, puede huir.

Fase 3: cavar la trampa, hacia el precipicio

  1. Para probarte a ti mismo: si tus acciones no confirman tus palabras, dudará de tu sinceridad. Debes ofrecer una prueba tangible de lo que reclamas. La oportunidad de demostrar desinterés a menudo surge inesperadamente: rescate, regalo, favor… y lo que cuenta entonces no es ser efectivo, sino entrar en acción sin preocuparse por uno mismo. En este capítulo, encontramos un consejo muy importante “no tengas miedo de parecer ridículo o cometer un error”.
  1. Provocar una regresión: aquellos que han experimentado momentos de gran placer desean revivirlos. Proporciona a los demás una sensación de protección similar a la que siente el niño. Sin querer reconocerlo, todos queremos retroceder, despojarnos de nuestra fachada adulta para dar rienda suelta a las emociones infantiles que se esconden en las profundidades de nuestro inconsciente. Para usarlo, debes jugar como los terapeutas alentándote a que hable sobre su infancia. A lo largo de esta confesión, ella revelará sus pequeños secretos. Mientras el otro habla, debes estar atento, pero discreto, con comentarios ocasionales, pero sin juicio.
  1. Ofrecer la fruta prohibida: la atracción del tabú es tal que se codicia inmediatamente. El hombre es un animal extraño: tan pronto como se le imponen límites físicos o psicológicos, siente curiosidad por explorar lo prohibido.
  1. Convocar lo sublime es la seducción más sofisticada que el hombre ha creado nunca, que promete la inmortalidad, es un gran bálsamo que nos eleva hacia algo más allá de nosotros. Todos necesitamos fe, sea lo que sea. ¿Y de qué está hecho tu aura?
  1. Mezcla el dolor con el placer: la bondad puede ser encantadora al principio, pero pronto se vuelve monótona. Crea momentos de tristeza, desesperación y angustia, mantén una tensión que te permita una gran liberación. Despierta los celos, la preocupación y el bálsamo que luego pondrás en su alma herida será el doble de dulce. Tienes más que perder por personas molestas que dándoles un tiempo difícil. Crea tensiones para disiparlas.

Fase 4: el golpe fatal o saber cómo concluir

  1. Convertirse en presa: da la impresión de que el seductor quiere ser seducido. Mantén una cierta distancia, sin ir tan lejos como para permanecer en el anonimato. Cultiva el misterio, muéstrate inexplicablemente distante, despierta la ansiedad. Tu objetivo, para evitar un rechazo espontáneo de tu parte, le preguntará: “¿Es culpa mía?” “¿Qué podría hacer?” Ella tomará iniciativas para volver a ganarte. La voluntad de una persona es directamente una función de su libido.
  1. Animal: el mensaje debe pasar no a través de palabras, sino a través del cuerpo y de los sentidos, el deseo debe leerse en tus ojos, en la emoción de tu voz. Tienes que lograr un dominio completo del lenguaje corporal. Te aconsejo visitar esta web de lenguaje corporal 
  1. Saber cómo dar el golpe final: cuando llegue el momento, nunca cometas el error de contenerte o de esperar cortésmente, respetuosamente, que el otro se acerque a ti. En serio, este es un capítulo que muchos hombres que conozco deberían leer porque no se sienten cómodos con esta idea…
  1. Sobrevivir a las consecuencias: No prolongues stus despedidas innecesariamente. La mayoría de las veces, el desencanto es inevitable, debido a una caída en la tensión sexual, una relajación de la emoción e incluso puede traducirse como una especie de disgusto.

Conclusión sobre “El arte de la seducción”

Es una lectura muy gratificante. Tanto para los iniciados como para los no entendidos que leerán este trabajo con un ojo divertido, el arte de la seducción es un verdadero tesoro. Especialmente deleitará a los seductores avanzados y aficionados a la historia.

He leído 3 veces “el arte de la seducción” y aún hoy lo releo para recordarme cosas y hacer la conexión con mis propias experiencias. Es uno de los libros indispensables para cualquier persona que esté seriamente interesada en la seducción.

Puntos fuertes de “El arte de la seducción”:

  • Particularmente rico (quizás demasiado), lleno de anécdotas, referencias literarias e históricas: obtienes lo que pagas y te ayuda a cultivar.
  • Me encantó leer las citas, los proverbios, las máximas, las fábulas y los extractos de novelas que ilustran las palabras del autor al margen de las páginas.
  • Este libro es aleccionador, tiene un lado filosófico.
  • Demuestra claramente que la seducción no se trata solo del “ligue del sábado por la noche”.
  • Demuestra que no existe “un buen camino a seguir”, sino que puede haber más de uno.
  • El autor habla sobre la seducción en el campo del amor, pero también en otras áreas, como la vida laboral o profesional. Este libro no solo te será útil para seducir con un propósito sexual.
  • Muy interesante para la comprensión de la psicología humana en general: si estás interesado en las relaciones humanas y la persuasión, es un libro extraordinario.
  • Interesará tanto a las mujeres como a los hombres.
  • El formato es muy original, es el único autor que propone un trasfondo histórico completo con respecto a la Historia de la seducción.

Puntos débiles de “El arte de la seducción”

  • Si uno busca métodos que estén listos para ser aplicados, este no es el ideal: el libro ofrece una comprensión global del proceso. De hecho, el problema es que la seducción de hace muchas décadas ya no se aplica realmente a la modernidad de nuestra sociedad. Por lo tanto, como dije, es más un libro sobre el arte de seducir en el absoluto que sobre los medios concretos de seducir actuales.
  • Es un libro de 500 páginas: puede asustar a algunas personas que no están lo suficientemente motivadas porque es largo. Pero afortunadamente, podemos elegir capítulos o partes para enfocarnos, no tenemos por qué leer todo. Por ejemplo, a menudo leo los capítulos sobre el ardiente Libertino y el Anti-seductor, porque me reconozco y me ayudo a refinar mi propio arte de la seducción.
  • Lástima que contribuya a demonizar la seducción, por su vocabulario que puede ser controvertido, no me gusta hablar sobre el seductor y su “víctima”. En cualquier caso, no se corresponde en absoluto con mi estado de ánimo. La seducción no tiene que ser amoral…

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